La Vasconia irredenta, Euskalerria en su lengua
Pedro Esarte

Desde los romanos hasta el franquismo, pasando por el licenciado Reta
Es clarificador y significativo para todo navarro y vasco o vasco y navarro la forma en que Lacarra comenzó su trabajo sobre la historia política de Navarra, realizado el año 1972, y editado por la Caja de Ahorros de Navarra, año en que fue ingresado miembro de la Real Academia de la Historia española:
“El reino navarro ... se nos presenta desde un principio con unas notas que lo diferencian bien de los otros núcleos cristianos de reconquista ... Los reyes de Pamplona no se sienten ni continuadores de la monarquía visigoda ni vasallos de Carlomagno ... mientras Asturias se siente animada de un espíritu de Reconquista, esperando que de su esfuerzo bélico venga la
El reconocimiento a Lacarra fue y sigue siendo total, tanto por las autoridades de Navarra como por las del Estado. ¿Es que pudo inventarse tal interpretación, cuando su nombre ya se lo habían dado los romanos?
Lo que hay que preguntarse, es por qué no se reconocen en Navarra las deducciones de su obra.
Lo que hay que preguntarse es por qué los actuales “historiadores” para-oficiales no citan estos datos en sus referencias.
Lo que hay que preguntarse es por qué el gobierno de Navarra no organiza un contraste de pareceres, para información de sus naturales.
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Con citas a Estrabón y Ptolomeo, el licenciado Reta (hacia 1580) recoge que Pamplona fue la cabeza de la antigua Vasconia, “y ello es notorio a los que han visto, apeado y considerado a Navarra y a Vascos, y a toda la tierra de Vasconia y del vascuence de toda esta comarca. Y cuán antigua sea la Vasconia consta de lo que está dicho en la misma carta de don Matías, donde el Arzobispo y otros hablan de su antigüedad, ser lo primero poblado de España. Y los que no quisieren recibir esta opinión, a lo menos no negarán ser de lo primero poblado. Cuyos naturales, con su eterna fidelidad y agilidad belicosa, libertaron de los bárbaros a su patria Navarra”.
El licenciado Reta, poco sospechoso de separatista, se expresaba así en el siglo XVI desde Pamplona y sobre Pamplona, antes de que lo hicieran Etchepare, Lizarralde y otros: “Cabeza es de la antigua Vasconia y del reino navarro. Que sea cabeza de Navarra, llano y notorio es a todos, mayormente que por el 20 capítulo del Fuero antes dicho, ordenado por el reino, se ve y manda que en ella se coronen y unjan los reyes de él. Y como en tal cabeza fundaron e instituyeron los reyes la dicha iglesia catedral y el enterramiento real de ellos, y tuvieron, y hoy tienen, su casa de corte y consejo; y, finalmente, de su conservación pende la del reino”.
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También Moret, por encima de errores y obediencias, tradujo el espíritu que anidaba en el pueblo para el que escribió. Se preocupó en el siglo XVII de trasladarnos una historia de Navarra y de sus pobladores los vascos, estimando los perjuicios que los relatos parciales de los servidores reales conllevaban a la equidad histórica. Así, cuando relata la guerra de Leovigildo contra los vascones, allá por el año del 581, ya consigna que "fue la nación de los vascones tan desgraciada con los escritores, en Francia como en España”, puesto que ocultaron los hechos cuando les convino. Añade aún que "no habiendo esparcido ni entendido los interesados, porque de Navarra ningún escritor antiguo se halla que haya hecho mención ligera, y los modernos, no otra –historia-, que la que han hallado perturbada y confusa en los forasteros, ...” y con esa historia ya tergiversada, es la que habían venido usando.
Las razones de Moret valen para quienes asimilaron el lenguaje del ocupante, favoreciéndose de sus consecuencias, y admitieron su dominio como razón, sin buscar la razón del dominio. Así recoge también como ya desde el siglo VI hasta su época, los extranjeros ocultaron los relatos de las batallas perdidas cuando nos invadieron, y pasa a lamentar la manipulación que hicieron de la historia, ante la falta de autores en nuestro pueblo. Y a todo lo largo de su obra de los Anales, muestra el paralelismo que se da entre lo vasco y lo navarro.
El currículo de hechos, datos y documentos a que se puede acudir para reafirmar la existencia de Euskalerria como pueblo y nación, contiene una extensión que imposibilita su explicación en este corto artículo. Pero podemos incluso acudir a razones militares, como fueron por las guerras carlistas y los reconocimientos que los dirigentes de las partes hicieron u ofrecieron en materia política, que justifican sin mas la razón de sentimientos sociales, económicos y políticos comunes.
No menos válidas son las declaraciones políticas que reflejan el miedo a su conformación política, que se pueden aportar a centenares, y de las que escogemos aquella de “Una España roja antes que rota”. La frase refleja dos cosas primordiales; la existencia de un sentimiento diferente del unitario y su validez de fraguar política, económica y social.
Todavía es bien reciente cuando el banco de “La Vasconia” recreó a sus clientes con el mapa de la Vasconia peninsular, y ello a pesar de que sus propietarios pertenecían a la derecha mas españolista. ¿Alguien presupone a un banco haciendo propaganda de un sentir que no existe?
Me duele tener que acudir a elementos fascistas, pero son de tanto mas valor, en cuanto que de ellos provienen las declaraciones del reconocimiento de su existencia. Las contundentes afirmaciones de vasquismo cultural y político del conde de Rodezno describen que
Mantener hoy día la inexistencia de Vasconia o Euskalerria pues, sólo puede ocurrir en mentes enfermas o retorcidas, que pretender llegar mas allá de donde llegó el franquismo. Se pretende suprimir hasta la manera de pensar, y a eso como hemos visto, no llegó ni siquiera el franquismo, cuando admitió como miembro de la Academia a José Mª Lacarra, con un discurso sobre “El juramento de los reyes de Navarra”, que destacaba y destaca, la potestad de los naturales como institución, hasta en la elección de sus reyes.
A esos gobernantes y jueces de hoy, que declaran la inexistencia de Vasconia como nación, que suprimir el término por decreto o sentencia, es demostrar una fobia inútil, frente a una realidad que no quieren reconocer.



